Era curiosa mi manera de escribir. Lo hacía en momentos de depresión para justificarme, para "juntar los pedazos" y procuraba hallar siempre, en los libros, alguna frase, alguna idea que apoyara mi manera de ser y me diera pie para iniciar la tarea. Un pensamiento podía sugerirme trozos enteros de mi vida, y siempre había alguna cita que se acomodaba a cada situación con holgura. Sentía que mi búsqueda iba cumpliéndose y trataba de hallar las raíces de mi conducta para ir reconciliándome conmigo misma, absolviéndome. ¿Acaso no lo decía Valéry: "Conocerse, subterfugio para absolverse"? Toda mi tarea literaria no tenía, pues, otro móvil que verme mejor, perdonarme, hacerme perdonar, aceptarme, hacerme aceptar.
Leí Habitaciones
de Emma Barrandéguy
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