domingo, 14 de abril de 2013

El autobús subía el Paso de la Parra y luego bajábamos hacia grandes extensiones luminosas. Sin ponernos previamente de acuerdo nos cogimos de la mano y en ese momento decidí de modo silencioso y bello y puro que cuando llegara a la habitación de un hotel de Los Ángeles ella estaría a mi lado. La deseé totalmente; incliné la cabeza sobre su hermoso cabello. Sus pequeños hombros me enloquecían; la abrazaba y la abrazaba. Y a ella le gustaba.
- Amo el amor  - dijo, cerrando los ojos. Le prometí un bello amor. La deseaba sin freno. Terminadas nuestras historias, quedamos en silencio entregados a pensamientos de goce anticipado. Todo era tan sencillo como eso.

En el camino, Jack Kerouac

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