domingo, 13 de noviembre de 2011

Aquí nos vemos

En que el deseo es inevitable. El deseo no se puede parar.


Los archivos son distintos de las bibliotecas. Las bibliotecas guardan volúmenes encuadernados, cuyas páginas han sido repetidamente leídas y corregidas. Lo que contienen muchos archivos son papeles que fueron en su día abandonados u olvidados.


y en esa exageración revolotean las esperanzas.


Devuélveme la esperanza
O dejame morir


Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.


De usted, escribió él en una dedicatoria, es este libro, María Kodama.


Sólo podemos dar lo que ya hemos dado. Sólo podemos dar lo que ya es de otro.


La memoria de una mañana.
Líneas de Virgilio y de Frost.
La voz de Macedonio Fernández.
El amor o el diálogo de unos pocos.
Ciertamente son talismanes, pero de nada sirven contra la sombra que no puedo nombrar, contra la sombra que no debo nombrar.


la idea de que, en parte, uno aprende o trata de aprender a vivir en los libros.


Prestábamos mucha atención al sueño del otro; nunca lo olvidábamos. Profundamente dormida, su respiración era un oleaje. Me llevaste al fondo del mar, me dijo una mañana al despertar.


Para los nómadas, la noción de pasado y de futuro están supeditadas a una experiencia espacial, la de en otra parte. Algo que ha desaparecido, o que espera, está oculto en algún lugar, en otra parte.


Contiene un deseo reconocido y, emparejado con éste, el temor que provoca ese deseo. Es la navaja de la indecisión. Abierta o cerrada, la hoja es siempre un lamento.


que el ser amado lo tenga todo, pero absolutamente todo.


para ver lo que hace el tiempo sin nosotros.


En todas partes hay dolor. Y, más insistente y más aguda que el dolor, en todas partes hay una expectante espera.


Terminé un libro,
y me quedo sin lectura unos días,
entonces releo y copio 
lo subrayado
en Aquí nos vemos
de John Berger

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